Oídos sordos

Es hora de ya no acallar las voces, es hora de que las autoridades escuchen. Para que el regreso sea digno y seguro, para combatir el rezago, recuperar aprendizajes y reconectar a los ausentes.

December 9th 2021

Oídos sordos

Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero

Un rasgo imprescindible de todo aprendizaje es escuchar. Si no se escucha, no se aprende. Pero constatamos que buena parte de las decisiones para el cierre de aulas y, peor todavía, para el regreso presencial, se han tomado ignorando la realidad concreta de las comunidades y de espaldas a la sociedad. Se ha dejado de atender las preocupaciones, los temores comprensibles, las experiencias positivas y las propuestas de quienes están en la primera línea de la educación: directivos, docentes, familias y, por supuesto, los propios niños, niñas y adolescentes.

En una versión funcional y todavía pragmática de la educación, a quien opera los programas de gobierno le conviene escuchar, porque así identifica las necesidades sentidas, ubica las potenciales quejas y denuncias, y sobre todo favorece la colaboración y el ajuste de campo que es necesario para una implementación exitosa. Un buen administrador escucha, para ser más efectivo y concretar sus planes con mejores posibilidades de resultados exitosos.

Pero con razón y energía, en las últimas décadas, se va abriendo paso una concepción aún más rica y más profunda. Los programas gubernamentales exigen escucha porque en sí misma la participación es un derecho humano. Como los destinatarios de los programas no son súbditos sino ciudadanos, se debe escuchar su parecer e incorporar sus exigencias.

La Convención de los Derechos del Niño es clarísima: en educación, como en los demás campos, las niñas y los niños tienen derecho a opinar sobre todo lo que les concierne y les afecta, y además tienen el derecho a que su opinión sea escuchada y tomada en cuenta por los funcionarios.

Quienes sufren las peores consecuencias de malas decisiones que vienen desde fuera de la escuela, no son partícipes ya previstos para buscar opciones; si las encuentran, es por apoyos de otros, o por la iniciativa de personas que, dentro de la misma comunidad escolar, pero por su cuenta y riesgo, no se conforman con lo que hay y se organizan con sus pares para buscar alternativas. Las autoridades minimizan las voces que se levantan, y dejan sin respuesta a millones que tienen mucho qué decir.

Después de hacer oídos sordos a la evidencia, de todo el mundo, y también de minimizar la propuesta como hicimos desde Mexicanos Primero para aperturas oportunas y escalonadas, graduales y flexibles, propuestas que rebotaron en la alta barda de la indiferencia, del desdén por la ciencia y la soberbia autorreferente, de golpe el presidente de la República se convirtió en el vocero de un regreso inmediato, apresurado y total.

Coincidiendo en la importancia de la presencia, cayó en oídos sordos la necesidad de un diagnóstico sólido de los planteles, y que la certificación de los espacios seguros fuese responsabilidad de las autoridades e inspectores de salud; ni qué decir de no contar un diagnóstico público de agua y ventilación de las escuelas. Tampoco contamos con una respuesta clara de qué es obligatorio como protocolo, ni tampoco cómo puede diseñarse el escalonamiento adecuado para cada escuela, muy relevante si en enero hay posibilidades de aumento de contagios.

No se escucharon las experiencias de lo que hicieron las autoridades educativas de Jalisco y Sinaloa para dar la flexibilidad necesaria para una apertura segura, y sigue sin escucharse ni aprenderse de lo que se hace en Tabasco para revertir el rezago con verdaderas estrategias de recuperación; tampoco los talleres para atender lo socioemocional que se están haciendo en Veracruz y en la Ciudad de México; no se ha escuchado en el Centro la revolución que armaron los maestros con la radio pública, de verdad dialogante, en Tamaulipas, ni tampoco se han escuchado las valiosas iniciativas para la inclusión de estudiantes con condiciones de discapacidad en Nuevo León.

El gobierno federal tiene que escuchar a las comunidades, y atender sus preocupaciones. Que escuchen a los jueces, y dejen de incumplir los derechos de alumnos y maestros. Que escuchen a la Comisión para el Regreso, que se formó en el SIPINNA. Que dejen de incumplir, como desde hace tres años, con el mandato de la Ley General de Educación, y convoquen ya al Consejo Nacional de Participación Social en la Educación. Que escuchen a las y los docentes, en sus demandas de vacunación, formación urgente para la recuperación socioemocional y académica, pagos pendientes y sistemas transparentes de reconocimiento y promoción. Que escuchen a académicos, activistas y familias sobre la urgencia de focalizar los fondos federales, avanzar en serio en la conectividad y en concentrarse en los aprendizajes fundamentales, dejando de lado la sobrecarga del plan de estudios y dar tiempo para el encuentro personal, lo lúdico, la creatividad y las actitudes cívicas.

Es hora de ya no acallar las voces, es hora de que las autoridades escuchen. Para que el regreso sea digno y seguro, para poder combatir el rezago, recuperar aprendizajes y reconectar a los ausentes, hay que escuchar. Si no nos escuchamos, seguirá la imposición autoritaria, en el fondo estéril, pero sobre todo se va a ahondar la desigualdad educativa y se va a agravar la injusticia de la exclusión. Hay que volver sí, pero sólo así: sólo escuchando.

(Source : https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/david-calderon/2021/12/09/oidos-sordos/)