Elegías / Paul Muldoon

LAS CLAVES

October 1st 2022

Elegías / Paul Muldoon

Conocí a Paul Muldoon (Armagh, Irlanda del Norte, 1951) por publicaciones en internet y sobre todo por la Antología de la poesía actual en las Islas Británicas, La generación del cordero (Trilce, 2000) —selección/traducción de Carlos López Beltrán y Pedro Serrano—, que acopia diez textos del acreedor de los galardones: T. S Eliot Poetry Prize 1995 e Irish Times Irish Literature Prize 1997. Recuerdo el gozo de la lectura de los versos de “Brasil”: “Cuando mi madre abría de golpe su coqueto parasol, / era Brasil: si no Brasil // entonces Uruguay. / Un pezón ensombrecía su vestido”.

Encontré otros poemas de Muldoon por aquí y por allá: la curiosidad se acrecentó por conocer más de su obra, que según leo está conformada por catorce poemarios, los cuales han tenido muy buena recepción por parte de los lectores y de la crítica especializada. Aquí tengo Elegías (Trilce Ediciones, 2022) —traducción/introducción, Pura López Colomé— en que Muldoon explora los espacios del desabrigo, el sufrimiento, la memoria y la pérdida. Sumario de punzantes impresiones que transitan por las rutas del abandono de un ser querido: sucesiones del luto avizoradas desde una mirada en que la “benevolencia es asombrosa”.

Estrofas tomadas de los cuadernos New Weather (1973), The Animal of Chile (1994), Meeting the British (1987), Hay (1998), Moy Sand and Gravel (2002), Horse Latitudes (2006), One Thousand Things Worth Knowing (2015) y Frolic and Detour (2019).

Referencias y diálogos con amigos entrañables: Joseph Brodsky (“Qué entusiasmo, Joseph: un paseo vespertino / al sagrado territorio de la calle Middagh”). La borrasca del viento del Cáucaso entonó la plegaria cómplice del abrazo; Yehuda Amijái y las simientes expuestas a los índices azarosos de la infancia; Ted Hughes duerme cobijado por la sombra fragante de un floreciente tallo; Seamus Heaney en los murmullos de un pez moribundo en la arena; Mary Farl Powers en los trazos de un grabado acechado por fantasmas que obligaban a “sellar puertas y ventanas”; Leonard Cohen no empalma los acordes firmes de un contrabajo con una efusiva nota de fácil descodificación.

Coplas de duelo (élego griego) donde escalda el fervor de la tristeza, el gemido se columpia en los quiebres de la brevedad de la vida: la mortalidad asume el desgarramiento del final, la caída inevitable. Nos lamentamos gracias a que la palabra anida los acasos: el poeta asume la eventualidad: “A punto de quedarme dormido / en la tina, el teléfono sonó / y un blancuzco gusanito / dentro del cable se arrastró / y se me metió en el cerebro: / Michael Heffernan ha muerto”.

“Quien conozca la condición camaleónica y cambiante, humorística sobre todo, de la obra de Muldoon, en esta ocasión no se sorprenderá en lo absoluto, sabiéndolo capaz de escribir lo mismo letras de canciones de rock que sonetos, poemas cortos o muy largos en los que aborda casi cualquier temática, tanto seria como chocarrera y maliciosa”, señala Pura López Colomé, quien con estas traducciones nos entrega un imprescindible compendio que acerca a los lectores en español a la prodigiosa faena del “poeta anglosajón más significativo nacido desde la Segunda Guerra Mundial” (The Times Literary Supplement).

(Source : https://www.razon.com.mx/opinion/columnas/carlos-olivares-baro/elegias-paul-muldoon-500400)
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