Blonde, una agridulce oda a Marilyn Monroe

La película estelarizada por Ana de Armas muestra de forma perturbadora la vida de la estrella; la cinta reproduce momentos icónicos de la celebridad, como sesiones de fotos

October 1st 2022

Blonde, una agridulce oda a Marilyn Monroe

La vida de Marilyn Monroe, uno de los iconos más grandes de la cinematografía y parte indisoluble de la cultura pop, es retomada en Blonde de la forma en que quizás lo reclama su propia naturaleza, conjugando la figura mediática con la persona real, al grado que no se distingue una de la otra.

Y no nos referimos a la comprometida interpretación que entrega Ana de Armas —Sin tiempo para morir (2021)—, quien encuentra los matices de la fragilidad y transita con convicción por las grietas emocionales detrás del esplendor; sino al uso de los códigos visuales, que incluyen desde el formato cuadrado y el panorámico, el blanco y negro y el color, yendo y viviendo del drama personal, al frente y el detrás de cámaras, cual si se tratara de la misma cosa.

Con melancólica ligereza, la reproducción de las escenas de sus películas, de sesiones de fotos, ensayos y portadas de revista, así como momentos con charlas de café o de intimidad en la alcoba, juegan con la perspectiva usando a veces voz en off y narración en tercera persona, para dejar que la ficción invada y se deje invadir por lo que fue su realidad, la cual a su vez también se nutre con el mito.

Es ahí donde los afiches y las grabaciones caseras, así como las canciones y los reportajes que hemos visto hasta el cansancio, cobran otro sentido, al hacer la decantación del personaje en relación al entorno de mercantilismo despiadado, la misoginia normalizada y la voracidad del público, dándose tiempo con diálogos puntuales, de evidenciar que había mucho más detrás de quien no pudo escapar al estigma de la “rubia tonta”.

Los pasajes llegan a ser perturbadores, dígase la secuencia casi pesadillezca sobre la infancia de la protagonista, con una lluvia de ceniza como escabrosa representación del estado de su madre perturbada por la esquizofrenia, y fatal presagio de lo que vendría.

Lo mismo cuando suena “Every Baby Needs A Da-Da-Daddy”, mientras se muestra su encuentro con el umbral del espectáculo, cual reflejo de la patología convertida en producto, o aquella donde se le ve en la proyección de Los caballeros las prefieren rubias (1953), y la toma se aleja mostrando el contraste entre el rostro de fascinación de los asistentes, con el de una Marilyn pasmada al hacer conciencia de la magnitud de estrella en que se le ha convertido y que ha comenzado a consumirle, estableciendo la relación de amor odio consigo misma que habrá de acompañarle hasta el final de sus días.

Hay ciertos regodeos que alargan de más el relato. Pero quién podría culpar al director Andrew Dominik —Mátalos suavemente (2012)— por dejarse llevar al recrear la célebre escena con la chica y su vestido blanco levantado por el aire que sale por la rejilla de ventilación del subterráneo, correspondiente a La comezón del séptimo año (1953), dotándole de un hipnotizante dramatismo al enfatizar las miradas de los asistentes al que también fue un evento de promoción —y que originalmente tardó tres horas en realizarse—, con los constantes flashazos como mustias agresiones; cuya belleza hoy a la distancia se torna dolorosa.

Blonde, basada en la novela de Joyce Carol Oates, es una estilizada y agridulce oda a la celebridad encumbrada a costa de su dignidad y salud, una atormentada ensoñación que renuncia a la nostalgia como principal ingrediente, pese a referir una época adorada, y por el contrario no tiene empacho en señalar las infamias cometidas por la industria.

(Source : https://www.razon.com.mx/entretenimiento/blonde-agridulce-oda-marilyn-monroe-500401)
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